El Partido
Pero bien dejaremos de soñar para volver a la realidad, estoy ahora en un campo que hay al lado del metro de La Coma, en Madrid, y estamos a punto de salir al campo, o como diría mi primo, Alejandro, que vive en Argentina, “de saltar a la cancha” hoy jugamos un partido contra los del Peñagrande, que van terceros, los chicos del Fuencarral, contra los que jugamos la semana pasada nos dijeron que tuviésemos cuidado que éstos eran “muy chungos” y su entrenador le dijo a mi padre que sobretodo mucho ojito con el numero siete que es un extremo derecho, muy rápido y que en cualquier momento te hace un roto, por lo visto el chaval se llama Blohkine, y es uno de esos chavalitos que desgraciadamente tuvieron que emigrar de Ucrania tras el accidente de Chernobil, al oír este nombre mi padre nos contó que, en los años setenta, jugaba en el Dinamo de Kiev, un gran jugador, llamado como éste chaval, que fue galardonado, en 1975 con el prestigioso Balón de Oro, de France Football.
El caso es que cinco minutos antes de empezar el partido, mi padre ya andaba refunfuñando, porque Antoñito, todavía no había llegado, en ese momento, el coche del papa de Antoñito, pasó al lado del campo, y Antoñito, nuestro portero, se acerco corriendo hasta donde estábamos, mi padre le saludo con un frío, -“ya era hora”, y empezó a darnos su típica charla táctica antes de los partidos, - a ver Moisés pégate a la banda derecha, y no se te ocurra irte para el centro, que te conozco, tú, José, vas a jugar de lateral izquierdo, - pero mister yo siempre juego de extremo, replicó el joven chaval con esa mirada, en la que mi abuelo siempre decía que se podía ver el espíritu del mismo Pirri, ya que a pesar de que siempre le daban muchas patadas José siempre corría la banda izquierda como llevado por el viento sin tener miedo a ninguno de sus rivales, - pues hoy vas a jugar de lateral, y pobre de ti como se te escape el ruso, vas a estar dándole vueltas al campo durante un mes, José miró con cara de decepción a mi abuelo, que hacia las funciones de segundo entrenador, y éste le miro y le dijo, - no te preocupes hijo así empezó Roberto Carlos y míralo ahora, - bueno chavales, continuo mi padre, vamos a jugar un 4-4-2 haciendo un rombo, en el centro del campo, presionamos fuerte arriba, y tu Isma te encargas de tirar el fuera de juego” no lo he comentado todavía pero este Isma es nuestro mejor defensa central, mi padre le llamaba a veces en broma “el Beckenbauer” pero lo cierto que al igual que el otrora gran jugador alemán, Isma tiene una gran habilidad, a la hora de sacar el balón jugado, bueno continuo mi padre vamos a ver ese grito, ¡Vamos Vamos! En ese momento todos al unísono y con todas nuestras fuerzas para amedrentar al rival gritamos ¡Millonarios! Salimos al campo como si un partido de la selección neocelandesa de rugby se tratará, y después del pertinente sorteo en el que elegimos saque, y ellos campo, comenzó el partido, el primer balón que recibí fue un pase medido de Oscar, el media punta, fue un gran pase dentro del área, pero se me fue el control, unos metros y el portero salió con gran criterio y se hizo con el esférico, el portero sacó en largo justo después haciéndole llegar el balón al extremo derecho, que realizo un bonito control orientado con el pecho, e inicio una gran carrera primero driblo a Moisés, y cuando llego al corner centro la pelota, fue un centro bastante cerrado que a punto estuvo de “comérselo” Antoñito, el partido rondaba el descanso siendo bastante aburrido, ya que ninguno de los dos equipos dispuso de ocasiones claras pero de pronto, José cogió la pelota y empezó a correr, pero su lateral un chavalito de estos que mi padre llama “creciditos”, por su enorme corpulencia para nuestra edad, le quito la pelota y le mando el balón a su extremo Blohkine, que no había intervenido hasta entonces, y libre de marca corrió como un rayo a la portería, marcando un increíble golazo por la escuadra, y todos los padres gritaron a la vez –Goooooool, incluso un cartero que estaba allí mirando no pudo contener la emoción al ver como el balón traspasaba la escuadra, - Joder José ¿no te dije que te pegaras al ruso?, me cago en la madre que te parió, y así llegamos al descanso, - Vamos a ver chavales, que tampoco son tan buenos, se desgañitaba mi padre gritando a unos y a otros, - hay q jugar al primer toque moverla con velocidad, así despistamos y logramos entrar, ¿esta claro?, Pues venga chavales, ¡a por ellos!, y así salimos al segundo tiempo, dispuestos a comernos el mundo, y en una de las primeras jugadas llegó mi primer gol de la tarde, sacamos en largo de banda, cogí la pelota me fui de mi par con un cambio de ritmo, que hubiese firmado el mismísimo, Johan Cruyff, y marque con un bonito tiro cruzado el gol del empate, todos los compañeros corrieron a abrazarme, y yo especialmente le di dos cachetadas a José y le dije –tranquilo chaval que estos son nuestros, de repente comenzó a llover y el campo de tierra se convirtió en un lodazal, ¡para que luego digan los profesionales que el césped estaba en malas condiciones! Me gustaría ver a Zidane, o a Fernando Torres, driblando en un campo en estas condiciones, lo curioso de los partidos en este tipo de campo es que al final los acaban ganando los jugadores más fuertes, y para eso teníamos nosotros a Robles al que mi padre llamaba la muralla, que era nuestro más fuerte valuarte en el centro del campo, pues bien fue tras un saque de puerta de su portero, cuando Robles controlo el esférico con el pecho, e inició la galopada hasta el borde del área, y chuto a portería con todas sus fuerzas, el tiro fue un tremendo chupinazo que se estrelló contra el poste haciendo un ruido ensordecedor, pero antes de que Robles pudiera siquiera lamentarse de su mala fortuna, ya estaba yo al mas puro estilo, de lo que en el cole llamábamos chupa goles, para rematar la faena y empujar el cuero hasta el fondo de las mallas, y otra explosión de alegría invadió al equipo, me lance arrastrándome por el barro, como si hubiese conseguido el tanto de la victoria en Copa de Inglaterra en el mismísimo estadio de Wembley, nos las prometíamos muy felices, cuando ya sólo quedaban dos minutos, para el final del encuentro, pero otra vez salió y no me pregunten como, el talento de nuestro mayor rival el ruso Blohkine, esta vez con una arrancada desde el centro y haciendo una bicicleta dejo sentado literalmente de culo a Isma, y marco batiendo de una espectacular vaselina a Antoñito que nada pudo hacer, al instante el colegiado pito el final del partido, y nos retiramos según nos íbamos, me cruce con Blohkine, y le dije – Gran partido chaval, llegarás lejos. – muchas gracias, contestó él, tu también has jugado muy bien. – por cierto me ha dicho mi padre que te llamas igual que un gran jugador ruso que jugaba por la década de los setenta.- Sí, me contesto él, pero el mejor jugador de mi país esta muy por encima de este, -¿a si?, Contesté yo sorprendido, -si claro, el mejor es sin duda Lev Yashin, la araña negra le apodaban sus contemporáneos, pregúntale a tu padre seguro que le conoce y te puede hablar de él. - bueno pues lo haré, hasta luego, nos despedimos con un apretón de manos, y me dirigí hacia la furgoneta de mi padre, donde estaba esperándome con mi abuelo y algunos de los jugadores del equipo a los que siempre acercábamos a casa, -Anda hijo límpiate un poco las botas que me vas a dejar el coche perdido, madre mía cuando te vea tu madre nos va a matar, ya dentro del coche camino de Alcalá le pregunte, a mi padre acerca de lo que Blohkine me había comentado, - oye papa, ¿tu conoces a un jugador, llamado Lev Yashin? Claro hijo, me contestó él, ¿cómo no lo voy a conocer? Es el único portero que ha recibido el balón de oro, creo que en sus inicios empezó jugando al hockey sobre hielo, y llego a ganar una eurocopa con la ya extinta Unión Soviética. –La araña negra era como le llamaban ¿no? dije yo en un intento de impresionar a mi padre, - si hijo ese era su apodo, pero aunque mucho le consideran como el mejor portero de todos los tiempos yo nunca he visto a nadie parar como paraba Dino Zoff, -bueno hijo, intervino mi abuelo, eso es discutible yo creo que como mi Divino no ha habido otro, -¿quién es Divino? Preguntó Isma, muy atento siempre a todas las conversaciones de fútbol que mantenían siempre tras el post partido mi padre y mi abuelo,- pues verás el Divino era el apodo con el que se conocía, al gran Ricardo Zamora, este genial portero jugo las olimpiadas de Amberes en 1920, siendo considerado como un portero perfecto, comenzó jugando para el Español, para acabar jugando en el Real Madrid, previo paso por el Barcelona, y el fue el que inventó “la Zamorana” que consiste en despejar el balón con el codo, esta artimaña en los tiempos del Divino era muy útil, pero sin duda el mejor recuerdo que tengo del Divino fue en su ultimo partido, una final de copa en Valencia contra el Barcelona, en la que realizó la mejor parada que mis ojos hayan contemplado jamás, yo estaba allí con vuestra abuela de vacaciones, y tras una larga discusión logré convencerla para que fuéramos a ver el partido, a tu abuela la pobre no le gustaba mucho el fútbol, y la ponía enferma mi obsesión por ver lo que ella consideraba un lamentable espectáculo de veintidós hombres corriendo en calzoncillos encima de un campo que bien podría servir para dar de comer a las vacas de su pueblo. La carcajada fue generalizada, - pero bueno el caso es que el Madrid tenia dominado el partido con un resultado de dos a uno, cuando ya cuando el colegiado estaba a punto de pitar el final del encuentro, Escolá lanzo un potente disparo y Zamora consiguió con una impresionante estirada evitar el gol del empate, y el Madrid se hizo con la Copa, mi abuelo se quedo un momento callado como tomándose un tiempo de reflexión y reminiscencia, supongo que para el aquel partido era un sin fin de recuerdos de su juventud, mi padre intervino entonces diciendo si claro abuelo todo eso esta muy bien pero no estamos olvidando de otros muchos grandes como el gran portero checo Planicka, o el grandísimo Ramallets, o el argentino Carrizo, e incluso “el chopo” Iribar, en fin entre tanto fuera de serie, seria una tarea de locos elegir al mejor. - Bueno replico Isma yo tengo muy claro quien es el mejor portero de todos los tiempos, - ¿ah sí? Preguntó mi padre, en una pregunta que sonó entre la incredulidad y la burla,- si claro, contestó Isma, el mejor es Antoñito –mi padre casi tiene que parar el coche por no poder parar de reírse, menos mal que ya estábamos en Alcalá que si llegamos a estar el la autopista a saber que habría pasado.
Cuando acabamos de dejar a mis compañeros en su casa llegamos a mi casa, subiendo por la escalera nos encontramos a la vecina del tercero la señora María, que nos preguntó – Que tal el partido deportistas, - bien, replique yo, - ¿ganasteis?, - No hoy no fue posible, empatamos a dos pero yo hice los dos goles dije yo sacando pecho, desoyendo otra vez los consejos de mi madre que siempre me decía que nos se podía uno ir por ahí pavoneándose, de las victorias, llegamos a mi puerta y mi madre ya nos estaba esperando, con la bandeja de canelones encima de la mesa, mi madre todo hay que decirlo, era una estupenda cocinera, y siempre se aplicaba especialmente en los días de partido,-Anda quítate la ropa y ponte el pijama, si es que quieres comer, me dijo mi madre antes si quiera de preguntarme por el partido, ah y no la dejes tirada por el suelo como haces siempre ¿eh?, cuando ya estaba cambiado de ropa y me había dado una ducha rápida me fui a la cocina y mi madre me dio un beso en la mejilla, y me dijo – ya me ha dicho papa que hoy has marcado dos goles hijo, - si mama dos golazos además, bueno pues hoy te pondré ración extra de canelones que se que te encantan, mi madre siempre me ponía una buena ración si había jugado un gran partido, ella decía que era porque tenia que reponer fuerzas, pero yo estaba seguro de que era su particular manera de felicitarme, y animarme a que siguiera trabajando duro.