Cuentos de fútbol

jueves, agosto 17, 2006

Mi reina Noelia

Mi reina Noelia.

El martes al volver del colegio, me fui a mi cuarto a hacer unos problemas de matemáticas que tenia que entregar el miércoles, no sin antes oír otra reprimenda de mi madre diciéndome, -estudia hijo que no todo es el fútbol en la vida, ¡y claro que no lo era! Tenia que acabar pronto porque esta tarde había quedado con Noe, para ir a ver el partido del Madrid ya que mi abuelo no podía venir hoy al fútbol y su abono se quedaba libre y mi padre me había dicho que podía invitar a quien quisiera, todavía no os he hablado de Noe, pero Noe significa para mi lo que Pelé significa para los Brasileños, o Maradona para los argentinos, ella era mi amor, mi luna, mi pasión, y bueno yo para ella pues era... un amigo, porque desde que la conocí en el cole hace ya seis años me había gustado pero nunca había tenido el valor para decirla nada, pero hoy sería el gran día, se lo comentaba a mi amigo Alberto, esta semana, - te lo juro Alberto de este martes no pasa se lo voy a pedir durante el partido, - si claro, me decía él, eso es lo que siempre dices y luego siempre te rajas y acabas contándole algunas de esas historias acerca de aquella cola de vaca que Romario le hizo a Alkorta, o de aquel maravilloso gol de Weah ente el Verona, marchándose de todo el equipo, y por cierto no creo que Noelia sienta por el fútbol lo mismo que sientes tú, y si va al partido contigo y aguanta todas tus sandeces, por algo será, ¿no has pensado en ello?, lo cierto es que yo no había pensado en ello hasta entonces, pero no menos cierto es qué desde que me lo dijo no paré de pensarlo ni un momento, y con estas cavilaciones me fui a buscar a Noe a la plaza que era donde había quedado con ella, y me lleve un libro para esperarla, ya que bueno había quedado con ella a las seis y media, pero bueno como decía mi padre las mujeres siempre llegan tarde, eso siempre lo decía claro esta cuando mi madre no le estaba oyendo porque si no se hubiese ganado un cachete seguro.

Y allí estaba yo en la plaza a las seis y media como un clavo, y casi cuando no me había dado tiempo a empezar a leer mi libro de “Mis futbolistas y yo” de Johan Cruyff, apareció ella, preciosa como siempre me saludo dándome un dulce beso en la mejilla, y me dijo – Hola ¿qué lees?, Yo la enseñe el libro y le dije, - es un libro de Cruyff que trata de los futbolistas que a el le gustan, de hecho ahora mismo estoy leyendo una parte en la que habla de Hugo Sánchez, un fantástico delantero del Madrid que fue bota de oro en la década de los ochenta... en ese momento me pare y pensé en lo que me dijo mi amigo Alberto, y cambié radicalmente la conversación, y le pregunté -¿Bueno y tu que tal estas?,-Bien, contestó ella, me ha dicho mi madre que a ver si te pasas una de éstas tardes a merendar que hace ya tiempo que no lo haces, - vale dile a tu madre que cualquiera de estas tardes me paso, - El domingo tuviste partido ¿no? ¿Qué tal te fue?, - Bueno, conteste yo, regular solo empatemos a dos, aunque yo metí dos goles, -¿Dos?, que bien si sigues así ya veras como este año pasas las pruebas del Madrid con la gorra, - eso espero, le dije yo, esa es la mayor ilusión de mi vida jugar en el Real Madrid, bueno vamos ya para mi casa, que mi padre nos estará esperando.

Al llegar a mi casa había unas cuantas vecinas abajo en el portal, marujeando como diría mi padre, y se callaron al llegar yo, y la señora Maria que siempre estaba allí metida en el ajo, me saludó, y me dijo – Hola hermoso ¿quién es esta moza tan guapa que me traes?, ¿es tu novia?, yo me puse todo colorado, no sabia donde meterme y bajando la cabeza y mi tono de voz, solo encontré palabras para contestarle – No es sólo una amiga, a lo que ella contestó, - pues es una pena porque hacéis una pareja preciosa, entonces la mire a ella y pude comprobar que ella se sentía como yo, porque los dos teníamos las caras rojas como tomates, después subimos las escaleras sin decir nada, y llegamos a la puerta de mi casa, mi madre saludó a Noe como siempre efusivamente, yo no le había dicho nada, pero estoy seguro que ella sabía, que me gustaba, no se como pero las madres tienen un sexto sentido para estas cosas, - que tal hija como estas, te he preparado un sándwich, para que te lo lleves al partido, que luego a eso del descanso seguro que te entra hambre, - muchas gracias doña Asunción, contestó ella, -¿hace calor?, os veo muy rojos a los dos, -No, contestamos casi al unísono, bueno pues abrigaros bien que ahora por la tarde parece que calienta, pero luego después hace frío y tampoco es para que os cojáis un catarro así por las buenas.

Y en estas salió mi padre ya disfrazado son su bufanda del Madrid, su camiseta de Fernando Hierro, siempre había sido muy clásico en esto de las camisetas y decía que como la camiseta de Fernando, no había ninguna otra, que ni Figo, ni Ronaldo, ni Zidane, ni nadie, se puso en medio de los dos nos abrazo por los hombros diciéndonos, bueno que chavales ¿estáis preparados? Esta tarde les van a caer cinco venga a ver esas voces, ¡Hala Madrid!, - anda no seas bruto y deja los gritos para el campo, le replico mi madre, y después de eso bajamos y cogimos el tren para ir al partido, siempre íbamos en trasporte público, porque en los días de partido porque decía mi padre que en días de partido el Bernabeu se ponía imposible.

Llegamos en el tren de cercanías, hasta Nuevos Ministerios, donde hay que hacer trasbordo para coger el metro, que nos lleva al Santiago Bernabeu, y ya se empezaba a oler el ambiente que se respira antes de los partidos del Madrid, la gente paseaba sus vistosas indumentarias, sus banderas, hacían rugir sus trompetas como si una gran reyerta medieval fuera a disputarse, yo comentaba con mi padre y con Noe todos los pequeños detalles que se podían observar, -Mirar ahí hay uno con una camiseta de Ronaldo, si mira y ahí otra de Zidane, pero sin duda la camiseta que más se veía era la de nuestro héroe local Raúl, con diferencia, ¿cuándo le van a dar el balón de oro a este chico? Comentaba siempre mi padre cada vez que nos encontrábamos, a algún aficionado con la camiseta del gran Raúl.

El partido

El Partido

Pero bien dejaremos de soñar para volver a la realidad, estoy ahora en un campo que hay al lado del metro de La Coma, en Madrid, y estamos a punto de salir al campo, o como diría mi primo, Alejandro, que vive en Argentina, “de saltar a la cancha” hoy jugamos un partido contra los del Peñagrande, que van terceros, los chicos del Fuencarral, contra los que jugamos la semana pasada nos dijeron que tuviésemos cuidado que éstos eran “muy chungos” y su entrenador le dijo a mi padre que sobretodo mucho ojito con el numero siete que es un extremo derecho, muy rápido y que en cualquier momento te hace un roto, por lo visto el chaval se llama Blohkine, y es uno de esos chavalitos que desgraciadamente tuvieron que emigrar de Ucrania tras el accidente de Chernobil, al oír este nombre mi padre nos contó que, en los años setenta, jugaba en el Dinamo de Kiev, un gran jugador, llamado como éste chaval, que fue galardonado, en 1975 con el prestigioso Balón de Oro, de France Football.

El caso es que cinco minutos antes de empezar el partido, mi padre ya andaba refunfuñando, porque Antoñito, todavía no había llegado, en ese momento, el coche del papa de Antoñito, pasó al lado del campo, y Antoñito, nuestro portero, se acerco corriendo hasta donde estábamos, mi padre le saludo con un frío, -“ya era hora”, y empezó a darnos su típica charla táctica antes de los partidos, - a ver Moisés pégate a la banda derecha, y no se te ocurra irte para el centro, que te conozco, tú, José, vas a jugar de lateral izquierdo, - pero mister yo siempre juego de extremo, replicó el joven chaval con esa mirada, en la que mi abuelo siempre decía que se podía ver el espíritu del mismo Pirri, ya que a pesar de que siempre le daban muchas patadas José siempre corría la banda izquierda como llevado por el viento sin tener miedo a ninguno de sus rivales, - pues hoy vas a jugar de lateral, y pobre de ti como se te escape el ruso, vas a estar dándole vueltas al campo durante un mes, José miró con cara de decepción a mi abuelo, que hacia las funciones de segundo entrenador, y éste le miro y le dijo, - no te preocupes hijo así empezó Roberto Carlos y míralo ahora, - bueno chavales, continuo mi padre, vamos a jugar un 4-4-2 haciendo un rombo, en el centro del campo, presionamos fuerte arriba, y tu Isma te encargas de tirar el fuera de juego” no lo he comentado todavía pero este Isma es nuestro mejor defensa central, mi padre le llamaba a veces en broma “el Beckenbauer” pero lo cierto que al igual que el otrora gran jugador alemán, Isma tiene una gran habilidad, a la hora de sacar el balón jugado, bueno continuo mi padre vamos a ver ese grito, ¡Vamos Vamos! En ese momento todos al unísono y con todas nuestras fuerzas para amedrentar al rival gritamos ¡Millonarios! Salimos al campo como si un partido de la selección neocelandesa de rugby se tratará, y después del pertinente sorteo en el que elegimos saque, y ellos campo, comenzó el partido, el primer balón que recibí fue un pase medido de Oscar, el media punta, fue un gran pase dentro del área, pero se me fue el control, unos metros y el portero salió con gran criterio y se hizo con el esférico, el portero sacó en largo justo después haciéndole llegar el balón al extremo derecho, que realizo un bonito control orientado con el pecho, e inicio una gran carrera primero driblo a Moisés, y cuando llego al corner centro la pelota, fue un centro bastante cerrado que a punto estuvo de “comérselo” Antoñito, el partido rondaba el descanso siendo bastante aburrido, ya que ninguno de los dos equipos dispuso de ocasiones claras pero de pronto, José cogió la pelota y empezó a correr, pero su lateral un chavalito de estos que mi padre llama “creciditos”, por su enorme corpulencia para nuestra edad, le quito la pelota y le mando el balón a su extremo Blohkine, que no había intervenido hasta entonces, y libre de marca corrió como un rayo a la portería, marcando un increíble golazo por la escuadra, y todos los padres gritaron a la vez –Goooooool, incluso un cartero que estaba allí mirando no pudo contener la emoción al ver como el balón traspasaba la escuadra, - Joder José ¿no te dije que te pegaras al ruso?, me cago en la madre que te parió, y así llegamos al descanso, - Vamos a ver chavales, que tampoco son tan buenos, se desgañitaba mi padre gritando a unos y a otros, - hay q jugar al primer toque moverla con velocidad, así despistamos y logramos entrar, ¿esta claro?, Pues venga chavales, ¡a por ellos!, y así salimos al segundo tiempo, dispuestos a comernos el mundo, y en una de las primeras jugadas llegó mi primer gol de la tarde, sacamos en largo de banda, cogí la pelota me fui de mi par con un cambio de ritmo, que hubiese firmado el mismísimo, Johan Cruyff, y marque con un bonito tiro cruzado el gol del empate, todos los compañeros corrieron a abrazarme, y yo especialmente le di dos cachetadas a José y le dije –tranquilo chaval que estos son nuestros, de repente comenzó a llover y el campo de tierra se convirtió en un lodazal, ¡para que luego digan los profesionales que el césped estaba en malas condiciones! Me gustaría ver a Zidane, o a Fernando Torres, driblando en un campo en estas condiciones, lo curioso de los partidos en este tipo de campo es que al final los acaban ganando los jugadores más fuertes, y para eso teníamos nosotros a Robles al que mi padre llamaba la muralla, que era nuestro más fuerte valuarte en el centro del campo, pues bien fue tras un saque de puerta de su portero, cuando Robles controlo el esférico con el pecho, e inició la galopada hasta el borde del área, y chuto a portería con todas sus fuerzas, el tiro fue un tremendo chupinazo que se estrelló contra el poste haciendo un ruido ensordecedor, pero antes de que Robles pudiera siquiera lamentarse de su mala fortuna, ya estaba yo al mas puro estilo, de lo que en el cole llamábamos chupa goles, para rematar la faena y empujar el cuero hasta el fondo de las mallas, y otra explosión de alegría invadió al equipo, me lance arrastrándome por el barro, como si hubiese conseguido el tanto de la victoria en Copa de Inglaterra en el mismísimo estadio de Wembley, nos las prometíamos muy felices, cuando ya sólo quedaban dos minutos, para el final del encuentro, pero otra vez salió y no me pregunten como, el talento de nuestro mayor rival el ruso Blohkine, esta vez con una arrancada desde el centro y haciendo una bicicleta dejo sentado literalmente de culo a Isma, y marco batiendo de una espectacular vaselina a Antoñito que nada pudo hacer, al instante el colegiado pito el final del partido, y nos retiramos según nos íbamos, me cruce con Blohkine, y le dije – Gran partido chaval, llegarás lejos. – muchas gracias, contestó él, tu también has jugado muy bien. – por cierto me ha dicho mi padre que te llamas igual que un gran jugador ruso que jugaba por la década de los setenta.- Sí, me contesto él, pero el mejor jugador de mi país esta muy por encima de este, -¿a si?, Contesté yo sorprendido, -si claro, el mejor es sin duda Lev Yashin, la araña negra le apodaban sus contemporáneos, pregúntale a tu padre seguro que le conoce y te puede hablar de él. - bueno pues lo haré, hasta luego, nos despedimos con un apretón de manos, y me dirigí hacia la furgoneta de mi padre, donde estaba esperándome con mi abuelo y algunos de los jugadores del equipo a los que siempre acercábamos a casa, -Anda hijo límpiate un poco las botas que me vas a dejar el coche perdido, madre mía cuando te vea tu madre nos va a matar, ya dentro del coche camino de Alcalá le pregunte, a mi padre acerca de lo que Blohkine me había comentado, - oye papa, ¿tu conoces a un jugador, llamado Lev Yashin? Claro hijo, me contestó él, ¿cómo no lo voy a conocer? Es el único portero que ha recibido el balón de oro, creo que en sus inicios empezó jugando al hockey sobre hielo, y llego a ganar una eurocopa con la ya extinta Unión Soviética. –La araña negra era como le llamaban ¿no? dije yo en un intento de impresionar a mi padre, - si hijo ese era su apodo, pero aunque mucho le consideran como el mejor portero de todos los tiempos yo nunca he visto a nadie parar como paraba Dino Zoff, -bueno hijo, intervino mi abuelo, eso es discutible yo creo que como mi Divino no ha habido otro, -¿quién es Divino? Preguntó Isma, muy atento siempre a todas las conversaciones de fútbol que mantenían siempre tras el post partido mi padre y mi abuelo,- pues verás el Divino era el apodo con el que se conocía, al gran Ricardo Zamora, este genial portero jugo las olimpiadas de Amberes en 1920, siendo considerado como un portero perfecto, comenzó jugando para el Español, para acabar jugando en el Real Madrid, previo paso por el Barcelona, y el fue el que inventó “la Zamorana” que consiste en despejar el balón con el codo, esta artimaña en los tiempos del Divino era muy útil, pero sin duda el mejor recuerdo que tengo del Divino fue en su ultimo partido, una final de copa en Valencia contra el Barcelona, en la que realizó la mejor parada que mis ojos hayan contemplado jamás, yo estaba allí con vuestra abuela de vacaciones, y tras una larga discusión logré convencerla para que fuéramos a ver el partido, a tu abuela la pobre no le gustaba mucho el fútbol, y la ponía enferma mi obsesión por ver lo que ella consideraba un lamentable espectáculo de veintidós hombres corriendo en calzoncillos encima de un campo que bien podría servir para dar de comer a las vacas de su pueblo. La carcajada fue generalizada, - pero bueno el caso es que el Madrid tenia dominado el partido con un resultado de dos a uno, cuando ya cuando el colegiado estaba a punto de pitar el final del encuentro, Escolá lanzo un potente disparo y Zamora consiguió con una impresionante estirada evitar el gol del empate, y el Madrid se hizo con la Copa, mi abuelo se quedo un momento callado como tomándose un tiempo de reflexión y reminiscencia, supongo que para el aquel partido era un sin fin de recuerdos de su juventud, mi padre intervino entonces diciendo si claro abuelo todo eso esta muy bien pero no estamos olvidando de otros muchos grandes como el gran portero checo Planicka, o el grandísimo Ramallets, o el argentino Carrizo, e incluso “el chopo” Iribar, en fin entre tanto fuera de serie, seria una tarea de locos elegir al mejor. - Bueno replico Isma yo tengo muy claro quien es el mejor portero de todos los tiempos, - ¿ah sí? Preguntó mi padre, en una pregunta que sonó entre la incredulidad y la burla,- si claro, contestó Isma, el mejor es Antoñito –mi padre casi tiene que parar el coche por no poder parar de reírse, menos mal que ya estábamos en Alcalá que si llegamos a estar el la autopista a saber que habría pasado.

Cuando acabamos de dejar a mis compañeros en su casa llegamos a mi casa, subiendo por la escalera nos encontramos a la vecina del tercero la señora María, que nos preguntó – Que tal el partido deportistas, - bien, replique yo, - ¿ganasteis?, - No hoy no fue posible, empatamos a dos pero yo hice los dos goles dije yo sacando pecho, desoyendo otra vez los consejos de mi madre que siempre me decía que nos se podía uno ir por ahí pavoneándose, de las victorias, llegamos a mi puerta y mi madre ya nos estaba esperando, con la bandeja de canelones encima de la mesa, mi madre todo hay que decirlo, era una estupenda cocinera, y siempre se aplicaba especialmente en los días de partido,-Anda quítate la ropa y ponte el pijama, si es que quieres comer, me dijo mi madre antes si quiera de preguntarme por el partido, ah y no la dejes tirada por el suelo como haces siempre ¿eh?, cuando ya estaba cambiado de ropa y me había dado una ducha rápida me fui a la cocina y mi madre me dio un beso en la mejilla, y me dijo – ya me ha dicho papa que hoy has marcado dos goles hijo, - si mama dos golazos además, bueno pues hoy te pondré ración extra de canelones que se que te encantan, mi madre siempre me ponía una buena ración si había jugado un gran partido, ella decía que era porque tenia que reponer fuerzas, pero yo estaba seguro de que era su particular manera de felicitarme, y animarme a que siguiera trabajando duro.

De mi mismo

De mi mismo

Hola, me llamo Carlos Alfredo Martínez, aunque en mi barrio, todos los chavales, me conocen como Carlitos, tengo 12 años, y vivo en un pueblo de Madrid, llamado Alcalá de Henares, puede que ustedes lo conozcan porque mi pueblo dio vida a uno de los más eminentes escritores de nuestra literatura, el señor Don Miguel de Cervantes, pero aunque nuestra seño, la señorita Julia, nos dice que los libros de este señor son muy interesantes, a mi lo que mas me gusta en el mundo es el fútbol.

Mi afición, a este deporte, me viene desde muy pequeñito, ya que toda mi familia, de la que les voy a hablar en este libro es muy aficionada al que todos conocen como el deporte rey, aquí en mi barrio yo juego en un equipo local, nos llamamos Los Millonarios de Alcalá, el nombre se lo puso mi padre, en honor al equipo de Los Millonarios, el cual contaba en sus filas allá por el años cincuenta con el que tal vez haya sido el mejor jugador de todos los tiempos Alfredo DiStéfano, aunque mi papa siempre dice que eso de elegir al mejor jugador de todos los tiempos es una pantomima de gente que no tiene ni idea de fútbol.

Aunque mi mama dice que no esta bien ir por ahí alardeando, déjenme decirles, que este año vamos los primeros en la liga y sólo hemos perdido un partido, y todo por culpa de Miguelito, que se puso enfermo el día del partido contra los del Jarama, y tuvimos que jugar con uno menos, y a pesar de que mi papá siempre nos dice que no le protestemos al arbitro, porque no sirve para nada también tengo que decir que me anuló un gol por fuera de juego que era injusto, yo creo que hasta Manuel sin esas pedazo de gafas que lleva siempre, hubiese sido capaz de verlo, aún así en ese partido marqué dos goles que me sirven para ser el máximo goleador de la liguilla, mi papa siempre opina que como dice Cruyff da lo mismo marcar dos goles si luego pierdes, pero mi abuelo siempre le regaña diciéndole, -“ deja a los niños que se diviertan y lo pasen bien que te pareces a Bilardo”, esto siempre enoja a mi papa que le contesta diciéndole –“ eso, eso ya veo como ayudas tu a los chavales, dándoles caramelos cuando pierden,¡aquí se viene a ganar me cago en la mar salada!, ellos se enfadan mucho pero yo y mis amiguetes del equipo, nos partimos de risa viendo como se pelean.

Mi puesto en el campo es de delantero centro, pero mi padre me dice que soy demasiado pequeño, y que debería jugar de interior, a lo Maradona, porque como soy zurdo y regateo muy bien, aunque a veces reconozco que me paso de chupón, pero yo siempre le digo, -“ y qué si soy pequeño ¿es que no has visto jugar a Romario?,” Romario todo hay que decirlo ha sido desde siempre mi gran ídolo, tengo mi habitación, llena de posters, suyos, y también colecciones de cromos de cuando jugo el Mundial de Estados Unidos, aunque yo era muy pequeño y casi no me acuerdo, tengo incluso una foto suya de cuando jugo la olimpiada de Seúl con Brasil, y otra en la que sale con otro gran jugador que hasta hace poco seguía metiendo muchos goles en el Brescia a pesar de sus años me estoy refiriendo como no al gran Roberto Baggio.